Vivir
Y que es bello y es justo y es real respirar
en esta libertad oscura hasta las estrellas.
La historia ocurre simplemente frente a mis ojos. Aquí, ahora, como la he deseado durante algún tiempo de proyectarme más allá de lo que conozco, lo que no produce pavor alguno. No tiene absolutamente nada que ver con la literatura, sino con vivir.
en esta libertad oscura hasta las estrellas.
La historia ocurre simplemente frente a mis ojos. Aquí, ahora, como la he deseado durante algún tiempo de proyectarme más allá de lo que conozco, lo que no produce pavor alguno. No tiene absolutamente nada que ver con la literatura, sino con vivir.
Noche. En la noche ocurre.
He deambulado por el barrio después de pasar toda la tarde trabajando en una Biblia de serie con mi –cada vez más- buen amigo el joven audaz. Hace un frío que no es de este mundo, pero esa es quizás la razón que me ha permitido mirar la ciudad a través del vapor de mi propia respiración, la oscuridad azul de las casas. Me ha hecho pensar en esa corriente de realidad que se cuela desde los lugares desconocidos. En este corto espacio de tiempo, en este paseo de frío y días de oscura nieve, he pensado en mi vida y he mirado de frente algunas de las cosas que últimamente me rondan la cabeza. Esto es lo que pienso ahora, con la decisión ya tomada. Dos manzanas. Ha ocurrido en dos manzanas. Esto es más bien el vértigo, una escisión en fruta de piel, un color más allá de aquí, alguien por conocer que me está llamando a través de todo. Pienso, tengo vértigo, no poseo un sentido para mis pensamientos, quizás he de llorar.
¿Puede uno sentirse dulcemente salvaje, haber tomado una gran decisión, desear con vértigo que ya no se deshaga esa pulsión que no me permite pensar más que en lugares muy lejanos? ¿Puede uno despeñarse al mar de la vida súbitamente, como quien despega de las cosas que quiere y le son firmes, de un tacto y líneas conocidas? ¿Es cierto lo que decía Pierre Reverdy, que no se puede volver a dormir más cuando se han abierto los ojos? ¿Será verdad y será la libertad de uno —saber que ha ganado todo su esplendor— estremecerse delante de un muro que es la casa con jardín, las cortinas echadas, los padres, el amor principiante, blanco y tocado por varios cerraduras; y también eso que ahoga: los estudios, la nada arrinconada de la literatura hecha desde el sillón, los póstigos echados de la mirada? ¿Puede uno empezar a soñar en otros idiomas? ¿Puede uno imaginar un dolor azul, una víscera de no estar donde debe estar? ¿Qué es esa libertad oscura que dice Gamoneda? ¿Existe un deseo desde el desarraigo, desde mi plan de coger la mochila y perderme? ¿Es eso el viaje, caer hacia algún lado y que tu corazón y tu casa se queden en la línea del horizonte?
¿Dónde voy a ir esos dos meses que se acercan?
Perdonen esta deriva. Procede un lenguaje y un deseo que no puedo acotar.
Del mismo modo, es una promesa.
Irse.
¿Dónde voy a ir esos dos meses que se acercan?
Perdonen esta deriva. Procede un lenguaje y un deseo que no puedo acotar.
Del mismo modo, es una promesa.
Irse.









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