Hace poco me pidieron un texto para BCNweek. Yo les sugerí "Somos nosotros", un relato que tiene bastante tiempo ya, pero que me convoca a la nostalgia y me sigue gustando bastante.
"Somos nosotros los que lo hacemos. Sólo nosotros. Nosotros los que los domingos, o puede ser otro día, quién sabe, bajamos al sexto piso, donde vive Marta. Porque sabemos que se llama Marta, lo hemos mirado en su buzón. Y también sabemos que la queremos, todos juntos, así, sin mucha teoría al respecto.
Marta. Nos encanta ese nombre ".
Aquí está completo.
En el número 34 de la estupenda revista Los Noveles escogieron mi relato La soledad de los ventrílocuos para llenar su sección de narrativa, junto con poemas de Luna Miguel y otra gente que deben explorar y leer. No tarden.
"Efectivamente, hace ya un año que esa mano desconocida que puntualmente les provee de juegos de mesa, jabón de sosa y almanaques (esto último si se han portado bien) abrió un hueco en el techo, cogió a Mastropiero de sus cuerdas de marioneta y se lo llevó volando, mientras agitaba los brazos confusamente, hacia eso que parece el firmamento. ¿Quién no sospecharía? ¿De dónde viene esa mano, con su anillo de boda brillante, que les arrebató a su amigo? Esteban se lo pregunta a menudo, sobre todo desde que recibió una carta lacrada de Mastropiero (la mano una mañana la dejó ahí, en el mismo lugar donde ha puesto la vela, ese recodo con polvo, lleno de nostalgia, que cualquiera miraría diciendo fiuuu). Mastropiero afirmaba que estaba bien. “Estoy bien”, escribía en la carta. “Ayer poseí a la condesa en el granero, y la semana que viene, tras el postre —pastas y bollos—, me batiré en duelo con su marido. Es un hombre encantador. Comemos juntos lechuga algunas veces. Probablemente me sumerjan en brea. Soy feliz, por fin me han encontrado un sitio”.
Indecisos: ¿aún no queréis el bocado entero?
"Somos nosotros los que lo hacemos. Sólo nosotros. Nosotros los que los domingos, o puede ser otro día, quién sabe, bajamos al sexto piso, donde vive Marta. Porque sabemos que se llama Marta, lo hemos mirado en su buzón. Y también sabemos que la queremos, todos juntos, así, sin mucha teoría al respecto.
Marta. Nos encanta ese nombre ".
Aquí está completo.
En el número 34 de la estupenda revista Los Noveles escogieron mi relato La soledad de los ventrílocuos para llenar su sección de narrativa, junto con poemas de Luna Miguel y otra gente que deben explorar y leer. No tarden.
"Efectivamente, hace ya un año que esa mano desconocida que puntualmente les provee de juegos de mesa, jabón de sosa y almanaques (esto último si se han portado bien) abrió un hueco en el techo, cogió a Mastropiero de sus cuerdas de marioneta y se lo llevó volando, mientras agitaba los brazos confusamente, hacia eso que parece el firmamento. ¿Quién no sospecharía? ¿De dónde viene esa mano, con su anillo de boda brillante, que les arrebató a su amigo? Esteban se lo pregunta a menudo, sobre todo desde que recibió una carta lacrada de Mastropiero (la mano una mañana la dejó ahí, en el mismo lugar donde ha puesto la vela, ese recodo con polvo, lleno de nostalgia, que cualquiera miraría diciendo fiuuu). Mastropiero afirmaba que estaba bien. “Estoy bien”, escribía en la carta. “Ayer poseí a la condesa en el granero, y la semana que viene, tras el postre —pastas y bollos—, me batiré en duelo con su marido. Es un hombre encantador. Comemos juntos lechuga algunas veces. Probablemente me sumerjan en brea. Soy feliz, por fin me han encontrado un sitio”.
Indecisos: ¿aún no queréis el bocado entero?





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