lunes, mayo 19, 2008

AMIGOS




Resulta un tanto milagroso que cuatro amigos, buenos escritores además, saquen libro con escasas semanas de diferencia. Y me atrevo a decir que, muy posiblemente, nos encontremos con cuatro de los mejores libros de relatos que podamos ver este año en el panorama. Yo tengo un gusto exquisito, ya lo saben ustedes. A nadie engaño si alabo desde la pura y más festiva admiración el humor oscuro de Juan Carlos Márquez, que promete mala ostia de la buena con Oficios (Castalia), la intuición para la atmósfera de Patricia Esteban Erlés en Manderley en venta (Tropo editores), el maravilloso delirio y humor espléndido de Víctor García Antón en su segundo libro: Nosotros, todos nosotros (Gens); o la técnica ajustadísima y certera de Ignacio Ferrando en Sicilia, invierno (JdeJ editores). No se van a arrepentir si los leen.

martes, mayo 13, 2008

A los que me habéis preguntado sobre cómo va la edición del libro, mucha, mucha paciencia. Cuando uno depende de las gestiones y la diligencia de una Diputación, ha de salirle barba, cambiar de casa e, incluso, morirse esperando. Todavía tardará un poco.

A cambio os gustará saber que El hombre en el barreño, que ya fue editado en Parábola de los talentos (Gens), será incluido —casi con seguridad— en una antología de novísima narrativa breve hispanoamericana. ¿Y quién está detrás? Unión Latina, y lo mejor, Mondadori.

La mama de Matías se está poniendo la mantilla.

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Imposible dejar de escuchar esto, majetes.



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¿A qué tanta animadversión, jgarcia@hotmail? Como no tengo el gusto, y seguramente ése que dejas sea un correo falso, me permitirás que te nombre como “cosa”, objeto, mascota sin muchas luces.

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Haciendo noche en Lorca, tomándome unas copichuelas de puro garrafón y moviendo las caderas (aunque a mí mover las caderas más de tres segundos me da vértigo)… Menos mal que Pablo y yo teníamos buena compañía. Apodamos a nuestras acompañantes: Isa clarinete e Isa oboe, como una simpática pareja de un ciclo de cine con niño o cine de gemelillas.

¿Hay algo más bizarro que bautizar un chupito con el nombre de una señora muerta y agusanada, probablemente adorable, que da nombre a un premio literario?


MARÍA AGUSTINA: vodka + granadina + melocotón.

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Puro reciclaje para alimentar a las visitas (de un blog que tuve y que se murió de tisis).

CONVERSACIÓN ENTRE EL CAPITÁN TAPARRABOS (NÁUFRAGO POSMODERNO ATRAPADO EN UNA ISLA DESCONOCIDA) Y PEQUEÑO SPIELBERG (SU TIBURÓN Y MASCOTA)

Steven, por el amor de Dios, vives en un arrecife. No puedes adoptar a esa rata.
Ya sé que es una rata muy bien educada.
No estoy siendo negativo, Steven, es simplemente que no creo que sea una buena idea.
Mira, pienso en los sentimientos de la rata, veo a la rata. ¡Es una rata, maldita sea! No puede respirar bajo el agua.
Oh, soy un racista, claro, ahora me sales con eso.
Ya sé que has hablado con las lampreas y que les parece bien.
Pienso que las lampreas no tienen capacidad para decir la verdad. No hacen más que mentir y tener hijos.
Esto no tiene nada que ver con tus proyectos personales y tus ilusiones, Steven, no es una afrenta personal.
Por favor, te pido que no me amenaces con la aleta.
¿Dónde va a vivir, estúpido?
Ah, ya, la fuerza del amor os hará sobrevivir...
¿Han estudiado las lampreas asistencia social? ¡¿Han cuidado las lampreas de una rata?!
Creo que no me estás escuchando.
¡Una rata, Steven! ¿Has perdido el juicio?
Dioses, Steven, cuando te pones así no te soporto.
Ya sé que me va a oír, pero no pienso bajar la voz.
¡No estoy haciendo una escena!
Bien, empecemos de nuevo. Creo que podré hacerte entrar en razón.
¿Qué educación has pensado darle?
¿Crees que podrá ir con vosotros a hacer rabiar a las ballenas?
¿No entiendes que la falta de aleta la convertirá en una apestada social?
Steven, no tengo ningún problema con las ratas.
No, no es un trauma infantil.
Steven, respeto a tu rata, es sólo que pienso que no sabes qué es lo mejor para ella.
Al diablo, Steven.

sábado, mayo 03, 2008

LA INVASIÓN DE LOS ULTRACUERPOS

Entre algunos de los hitos de mi familia, se cuentan con especial la emoción las escenas en las que mis padres intentan hablar, neófitamente, en otros idiomas.

Estos días en Berlín, mi padre:

—Yeah, yeah, tanke chen.

Y mi madre:

—Itis possibla… (it´s posible…?)

Pero sin ninguna duda está esa grandiosa experiencia en Dublín, hace seis años, cuando mis paters me acompañaron a casa de mi familia de acogida, imbuidos en una especie de espíritu de la tribu de los Brady. Recuerdo que estábamos sentados en mitad de aquel enorme salón. Cinco pasmarotes. Ellos miraban con cierto interés la decoración de aires protofranquistas de la casa. Yo empezaba a sentirme ciertamente incómodo observando a mis padres irlandeses, en completo silencio: Goretti, o esa Moby Dick de los suburbios (lo digo porque con un solo dedo de su mano era posible mantener un comedor benéfico durante un mes) Y del otro no recuerdo muy bien el nombre -¿Bernal?-, pero sí que era un individuo de pelo blanco, profesor de piano, sumiso para más señas y con aspecto de alguien que se pirra por que su mujer le machaque el culo con una fusta mientras grita enfervorecida: you, sick and disgusting bad boy! Pero volvamos a mis padres, que trataban de clavar una pica en el tiranosaurio idioma.

—Nice house —decía mi padre.

Y mi padre irlandés asentía. El mío, el legítimo, volvía a la carga pocos segundos después.

—Nice… nice city. Very nice sity.

Y mi padre irlandés, de nuevo, inclinaba la cabeza con una sonrisa, yo supongo que pensando y relamiéndose: oh, tonight is the night. Goretti is gonna smack me so hard. I´m a bad boy. I´m a bad boy!
La última frase la dijo mi padre echando una mirada a Brian, ese bastardo de ocho años que tenía esclavizado a su hermano de once (no miento).

—Nice… nice children. Good… good.

Más tarde, cuando volvieron a Madrid y yo empecé a dormir en esa cama con colcha de avioncitos azules, descubriría que vivir con esa familia es lo más cerca que he estado de relacionarme con psicópatas. Pero eso es otra historia.

martes, abril 15, 2008

Lo que ustedes saben es que cuando alguien muere –no sé, una garganta cortada, ser devorado por un oso o sólo una mano como trofeo después de que te arrolle un tren en la oscuridad- los del Samur cubren a la cosa con una de esas mantas metálicas de color amarillo brillante. Lo que por supuesto no saben es que, aparentemente, la manta es lo suficientemente tupida, pero si te cubren con ella —como me pasó hace unos días— adviertes siniestramente que por el otro lado se ve.

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A pesar de todo (se me ocurre: que los gafapastas se hayan trágicamente apropiado de esta película como un verdadero icono de esa fantastique intelectualidad de merendero) qué cierre, señores, qué cierre…


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Andamos estos días esquizofrénicos rodando un cortometraje de licántropos. Un guión respetuosamente canónico y tenebrista de mi buen amigo Raúl (también director del asunto) y servidor. Nuestro primer muerto (el fantástico –y buen amigo-Víctor Boglar) habla para todos ustedes.


—Mandadle esta foto a los de mi trabajo. Así me conceden la baja.

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A ver si se recuerdan de dónde sale esta cosa excelsa.

ORTOPEDIA. INT. DÍA.

El PADRE regresa a la tienda de ortopedia con el NIÑO IMPEDIDO y lo deposita encima del mostrador.

PADRE: Don Hilario, que como el niño tiene que hacer la primera comunión, a ver si sería posible la botita ortopédica blanca.
DON HILARIO: Ah, ¿es para eso? Pues entonces yo tengo mucho gusto en regalarle la botita al niño, ¿verdad, guapo?

jueves, abril 03, 2008

En mi estrecha calle, lo hermoso no es ver a dos críos pequeños comiéndose un helado junto a su arrugada abuela.

Lo hermoso es ver a la abuela, a la niña, al niño, muy juntos en el banco, comiendo un helado los tres al mismo tiempo.

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Cierta noticia en el telediario. Me encabrono. Pienso que una de las desgracias de este sistema radica precisamente en alguna de sus nomenclaturas, praxis económica perversa. ¿Cómo se puede denominar a algo “día de la diversión en el trabajo”—añadámosle reportajes televisivos en la que una serie de tipos y tipas aparecen en una oficina, con matasuegras y gorritos de fiesta, lanzándose una pelota de gomaespuma— y que a ningún directivo se le caiga la cara de vergüenza?

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Pura poesía en su significado. Y un maravilloso libro sobre viajes en el tiempo.

“Cuántos excelentes candidatos hubieron de quedarse en el Tiempo normal, porque su ingreso en Eternidad habría significado que sus hijos no nacieran, que otros hombres y mujeres no murieran, que no se casaran; cien circunstancias cuya ausencia habría encaminado a la Realidad en una dirección que el Gran Consejo Pantemporal no podía permitir.
¿Podía Harlan explicarle todo aquello a Noys? Era imposible. No podía decirle que las mujeres casi nunca ingresaban en Eternidad, porque por alguna razón recóndita que él no comprendía, aunque quizá algún jefe de Programación la supiera, su extracción del Tiempo normal tenía de diez a cien veces más probabilidades de deformar la realidad que el traslado de un hombre.”
EL FIN DE LA ETERNIDAD.
Isaac Asimov
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Me he acordado de cuando ella estaba llorando, sentada junto al bidé; lenta allí; y su dolor, un hipido a través de la puerta oscura (no se recuerdan demasiadas cosas de esta vida, pero sí, sí, cuando alguien sufre, el rostro). Yo entré y me senté a su lado quedamente. Su baño supuraba una luz amarilla, como la superficie de un planeta en nosotros, un lirio que se abre. Se le había corrido el maquillaje. Sólo le dije: “Estoy seguro, seguro, de que este momento es igual que una escena de una película. Ahora él dice: vamos, cuéntame un chiste”. Pues eso mismo le dije yo: adelante, cuéntame uno. Se volvió tímida, rió, me dijo que no recordaba ninguno.
Pero ya bastaba para estar más cerca uno del otro.

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Entre las mayores tragedias familiares que te pueden tocar, una es que tu hermana tardoadolescente haya empezado a escuchar reggaeton. Que me lleven los nazis, yo suplico. ¡Que me lleven!

martes, marzo 18, 2008

Un amigo mío, muy fino ironizando sobre el Teatro Hägen Dasz y su programación. Tienen en cartel El diario de Anna Frank.
"Es genial: puedes ver el drama y la muerte de una niña judía mientras comes helado de una multinacional. Y encima musicalizado"

jueves, febrero 21, 2008


Estaba hoy viendo –siendo atravesado, debería decir- por Besos robados. Y he recordado los oscuros tejadillos de unas tumbas, ya borrosas en mi mente, la plantación de piedra y huesos que era aquel cementerio de París, el hueco vivo en el interior de los mausoleos –se parecen a gargantas humanas, ¿verdad?-, esa ciudad otra, que nos habla de la muerte, dentro de la ciudad del amor. Recuerdo que mis amigos y yo visitamos la tumba de Truffaut, cuando a mí Truffaut todavía me daba lo mismo. Pero hace un rato, al presenciar el momento en que Antonine Doinel cogía un abrebotellas y se lo colocaba delicadamente en la mano a su novia como si fuera un anillo, comprendo perfectamente al desconocido que allí, sobre la tumba, dejó un corto de su autoría y una carta sincera al muerto. No leímos aquella carta, porque nos pareció una falta de respeto entre el genio y el desconocido. Supongo que queda esperanza en el mundo si la gente se entrega a sus pasiones y acude en primavera a los cementerios y deja su corazón delante de aquel al que admira.

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—Defíneme, por favor.
—Déjame pensar… Ya está: “metralla”.

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Anonadado, leo un miniprólogo de El cultural a una serie de microcuentos sobre arte contemporáneo. Vale. Guapísimo. De primeras, voy a quitar a Tomeo de la ecuación, que no tiene culpa de nada el hombre y se merece mis parabienes. Pero no puedo dejar de preguntarme una cosa: ¿desde cuándo Carlos Marzal, David Gistau, José Carlos Llop —éste se salva un poco— y Juan Aparicio Belmonte son “cinco de nuestros mejores narradores en las distancias cortas”? Teniendo en cuenta la minúscula y, en algunos casos, inexistente producción cuentística de estos narradores y poetas, no sé si es que la directora de este suplemento piensa que la gente que leemos cuento en este país somos gilipollas o directamente retrasados mentales. Si han leído ustedes a Arreola, señores de El cultural, entenderán por qué su camello no pasa por el ojo de la aguja. Estafa, por usar una palabra más precisa. O como dice un amigo mío, cantan ustedes más que Pavarotti.

Me voy a lavar la boca con jabón. Esas cosillas.

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Andersen era un genio:

“Un trompo y una pelota yacían juntos en una cajón. Un día dijo el trompo a la pelota:
-¿Por qué no nos hacemos novios, ya que vivimos juntos aquí?”
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Es extraño. Hace unos días me disponía a limpiar la mesa de la cocina y de pronto, en el lado izquierdo, descubrí una mancha con forma de corazón. Me gustaría haber hecho yo esa mancha. Esta casa expresa su propio espíritu en la oscuridad. Es bonito descubrirlo.

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Para decir:

“No sabía que en la palma de su mano había un bosque, y una cabaña, y un diminuto anciano que junto a la estufa, con una ternura inexplicable, acariciaba un pájaro infinitesimal recién nacido. Cuando cerro su mano, nadie llegó a escuchar aquel crujido invisible”.