Exofilia: atracción anormal hacia seres de otros mundos.
martes, junio 23, 2009
sábado, mayo 30, 2009
PASO A PASO
Mañana, amigos míos, estaré firmando ejemplares de “La soledad de los ventrílocuos” en la caseta de los amigos de Tres rosas amarillas. Me acompañará también mi amigo Juan Carlos Márquez, que, en su caso, firmará debidamente su familia numerosa.
Será de siete a nueve de la tarde.
Mi sueño es que mientras charlemos, un monstruo ajaponesado de cincuenta metros de altura arrase el paseo y nos alegre el día, inoculando un poco de ficción en la realidad.
Será de siete a nueve de la tarde.
Mi sueño es que mientras charlemos, un monstruo ajaponesado de cincuenta metros de altura arrase el paseo y nos alegre el día, inoculando un poco de ficción en la realidad.
martes, mayo 26, 2009
Hace poco me pidieron un texto para BCNweek. Yo les sugerí "Somos nosotros", un relato que tiene bastante tiempo ya, pero que me convoca a la nostalgia y me sigue gustando bastante.
"Somos nosotros los que lo hacemos. Sólo nosotros. Nosotros los que los domingos, o puede ser otro día, quién sabe, bajamos al sexto piso, donde vive Marta. Porque sabemos que se llama Marta, lo hemos mirado en su buzón. Y también sabemos que la queremos, todos juntos, así, sin mucha teoría al respecto.
Marta. Nos encanta ese nombre ".
Aquí está completo.
En el número 34 de la estupenda revista Los Noveles escogieron mi relato La soledad de los ventrílocuos para llenar su sección de narrativa, junto con poemas de Luna Miguel y otra gente que deben explorar y leer. No tarden.
"Efectivamente, hace ya un año que esa mano desconocida que puntualmente les provee de juegos de mesa, jabón de sosa y almanaques (esto último si se han portado bien) abrió un hueco en el techo, cogió a Mastropiero de sus cuerdas de marioneta y se lo llevó volando, mientras agitaba los brazos confusamente, hacia eso que parece el firmamento. ¿Quién no sospecharía? ¿De dónde viene esa mano, con su anillo de boda brillante, que les arrebató a su amigo? Esteban se lo pregunta a menudo, sobre todo desde que recibió una carta lacrada de Mastropiero (la mano una mañana la dejó ahí, en el mismo lugar donde ha puesto la vela, ese recodo con polvo, lleno de nostalgia, que cualquiera miraría diciendo fiuuu). Mastropiero afirmaba que estaba bien. “Estoy bien”, escribía en la carta. “Ayer poseí a la condesa en el granero, y la semana que viene, tras el postre —pastas y bollos—, me batiré en duelo con su marido. Es un hombre encantador. Comemos juntos lechuga algunas veces. Probablemente me sumerjan en brea. Soy feliz, por fin me han encontrado un sitio”.
Indecisos: ¿aún no queréis el bocado entero?
"Somos nosotros los que lo hacemos. Sólo nosotros. Nosotros los que los domingos, o puede ser otro día, quién sabe, bajamos al sexto piso, donde vive Marta. Porque sabemos que se llama Marta, lo hemos mirado en su buzón. Y también sabemos que la queremos, todos juntos, así, sin mucha teoría al respecto.
Marta. Nos encanta ese nombre ".
Aquí está completo.
En el número 34 de la estupenda revista Los Noveles escogieron mi relato La soledad de los ventrílocuos para llenar su sección de narrativa, junto con poemas de Luna Miguel y otra gente que deben explorar y leer. No tarden.
"Efectivamente, hace ya un año que esa mano desconocida que puntualmente les provee de juegos de mesa, jabón de sosa y almanaques (esto último si se han portado bien) abrió un hueco en el techo, cogió a Mastropiero de sus cuerdas de marioneta y se lo llevó volando, mientras agitaba los brazos confusamente, hacia eso que parece el firmamento. ¿Quién no sospecharía? ¿De dónde viene esa mano, con su anillo de boda brillante, que les arrebató a su amigo? Esteban se lo pregunta a menudo, sobre todo desde que recibió una carta lacrada de Mastropiero (la mano una mañana la dejó ahí, en el mismo lugar donde ha puesto la vela, ese recodo con polvo, lleno de nostalgia, que cualquiera miraría diciendo fiuuu). Mastropiero afirmaba que estaba bien. “Estoy bien”, escribía en la carta. “Ayer poseí a la condesa en el granero, y la semana que viene, tras el postre —pastas y bollos—, me batiré en duelo con su marido. Es un hombre encantador. Comemos juntos lechuga algunas veces. Probablemente me sumerjan en brea. Soy feliz, por fin me han encontrado un sitio”.
Indecisos: ¿aún no queréis el bocado entero?
jueves, mayo 21, 2009
No me digan que el comienzo de esta noticia no es deliciosamente literario.
"Muchas personas pueden haber tenido un gemelo sin saberlo. Con la difusión del uso de la ecografía en las primeras fases del embarazo, muchas mujeres reciben el diagnóstico de que tienen gemelos. Sin embargo, en controles posteriores uno de los gemelos ha desaparecido y finalmente sólo nace un bebé."
Y qué siniestras imágenes abre en la mente, ¿verdad? Por ejemplo, gemelos malvados acechando en la oscuridad de un armario, un par de bebés asesinándose dentro del útero materno, una posible historia de una mujer solitaria que un día comienza a oír la voz de una desconocida que dice ser ella misma, la auténtica. O incluso, ese gemelo que estaba destinado a no nacer, suplantó la identidad del gemelo con información genética correcta (o moral), nació y llegó a... qué sé yo, zombie, dictador o genocida.
Más en El País.
"Muchas personas pueden haber tenido un gemelo sin saberlo. Con la difusión del uso de la ecografía en las primeras fases del embarazo, muchas mujeres reciben el diagnóstico de que tienen gemelos. Sin embargo, en controles posteriores uno de los gemelos ha desaparecido y finalmente sólo nace un bebé."
Y qué siniestras imágenes abre en la mente, ¿verdad? Por ejemplo, gemelos malvados acechando en la oscuridad de un armario, un par de bebés asesinándose dentro del útero materno, una posible historia de una mujer solitaria que un día comienza a oír la voz de una desconocida que dice ser ella misma, la auténtica. O incluso, ese gemelo que estaba destinado a no nacer, suplantó la identidad del gemelo con información genética correcta (o moral), nació y llegó a... qué sé yo, zombie, dictador o genocida.
Más en El País.
sábado, abril 25, 2009
*
Es de noche. Aquí encuentro el placer de sentarme en la oscuridad, violeta o amarilla. Plaza de España y refocilarme en el césped y mirar los labios rojos, la fruta del habla de mi amiga Leyre y escucharla, lentamente, escucharla de un modo inédito, como quien tira un dado y espera. Porque así es como se escucha a los amigos. Ha de ser la primera vez siempre. Ha de escucharse como si fuera posible no echar a correr. Hacía tanto que no tenía este tipo de libertad…
*
¿No les gustaría experimentar esto mismo?
Temblando, con voz ronca, con una voz que no era la mía, que no se sabía de dónde había salido, le dije: -Helena…, te quiero.
Y Helena, serena, sin dejar de mirarme a los ojos, grave y hermosa, se fue dejando atraer, y cuando tuvimos los labios muy cerca, me dijo.
-Y yo a ti más.
Y yo bebí el aliento de aquellas palabras; las bebí, las respiré, no las oí.
No hablamos más. Íbamos juntos, solos, entre el silencio del crepúsculo. Íbamos solos entre el silencio del mundo. Solos entre el silencio del tiempo. Solos para siempre. Juntos y solo, andamos juntos y solos en el silencio del mundo y del mar y del mundo, andando andando. Y todo era como un gran barco y nosotros lo íbamos pasando y al otro lado estaba nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestro sol y nuestra luz y nuestra noche y estrellas y montes y pájaros y siempre…
HELENA O EL MAR DEL VERANO Julian Ayesta
*

*
Pienso a menudo en la esquizofrenia que supone ser un mal bloguero, pues me considero incapaz de tener gracia en estos apuntes autobiográficos; y la transformación que sufro cuando tengo la pretensión de ficcionar. Pero al mismo tiempo, pienso, en mi escritura también está mi vida, mis deseos, el miedo y el desarraigo, camufladamente, como si colocara ante el lector un velo, un instrumento, un pacto. No es que me disguste, aviso. Esquizofrenia. Insistiré.
*
¿Alguien ha visto alguna vez romperse una canica?
Es de noche. Aquí encuentro el placer de sentarme en la oscuridad, violeta o amarilla. Plaza de España y refocilarme en el césped y mirar los labios rojos, la fruta del habla de mi amiga Leyre y escucharla, lentamente, escucharla de un modo inédito, como quien tira un dado y espera. Porque así es como se escucha a los amigos. Ha de ser la primera vez siempre. Ha de escucharse como si fuera posible no echar a correr. Hacía tanto que no tenía este tipo de libertad…
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¿No les gustaría experimentar esto mismo?
Temblando, con voz ronca, con una voz que no era la mía, que no se sabía de dónde había salido, le dije: -Helena…, te quiero.
Y Helena, serena, sin dejar de mirarme a los ojos, grave y hermosa, se fue dejando atraer, y cuando tuvimos los labios muy cerca, me dijo.
-Y yo a ti más.
Y yo bebí el aliento de aquellas palabras; las bebí, las respiré, no las oí.
No hablamos más. Íbamos juntos, solos, entre el silencio del crepúsculo. Íbamos solos entre el silencio del mundo. Solos entre el silencio del tiempo. Solos para siempre. Juntos y solo, andamos juntos y solos en el silencio del mundo y del mar y del mundo, andando andando. Y todo era como un gran barco y nosotros lo íbamos pasando y al otro lado estaba nuestro mundo y nuestro tiempo y nuestro sol y nuestra luz y nuestra noche y estrellas y montes y pájaros y siempre…
HELENA O EL MAR DEL VERANO Julian Ayesta
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Pienso a menudo en la esquizofrenia que supone ser un mal bloguero, pues me considero incapaz de tener gracia en estos apuntes autobiográficos; y la transformación que sufro cuando tengo la pretensión de ficcionar. Pero al mismo tiempo, pienso, en mi escritura también está mi vida, mis deseos, el miedo y el desarraigo, camufladamente, como si colocara ante el lector un velo, un instrumento, un pacto. No es que me disguste, aviso. Esquizofrenia. Insistiré.
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¿Alguien ha visto alguna vez romperse una canica?
lunes, marzo 23, 2009
lunes, marzo 16, 2009
¡EL AUTOR, EL AUTOR!
Os enlazo aquí una entrevista que me ha hecho Marta María López para El desván de los libros, y a quien doy las gracias.
1. Este es tu primer libro de relatos. Hasta llegar a él has recorrido, imagino, un camino largo. ¿Cómo ha sido esa trayectoria, desde que te pones delante de una hoja en blanco con conciencia de que quieres escribir un relato hasta que crees tanto en esos relatos que comienzas a moverlos por concursos y editoriales?
Bueno, supongo que mi camino ha sido como el de cualquier otro. Tópico es decir que los comienzos son difíciles, pero es una pauta que suele repetirse para quien no goza de más status que el que le proporciona su obra. Yo opino que esto es condición imprescindible para que luego no te acusen de no tener coartada. Tus libros tienen que hablar por ti. Es de Perogrullo, supongo.
En todo este tiempo, para mí únicamente ha cambiado el tipo de zozobra con la que me enfrento a la escritura, mu
y distinta a la que podía sentir en los comienzos. Es más reposada. Puedo pasar largas temporadas sin la necesidad febril de escribir, porque sé que llegará, lo mismo que el final de un texto que tenga entre manos o la publicación del próximo libro. Poco puedo decir de los primeros balbuceos, que se remontan a cuando yo tenía dieciséis años y era un impresentable tímido y simpático, hasta el momento actual, donde he puesto la primera pica en Flandes. Supongo que he educado mi mirada y mi exigencia frente al trabajo. Creo que hay un momento en la vida del que escribe en que mira su material y sabe, íntimamente, que podría pasar la frontera que hay entre la afición y elevar un discurso y una posición como creador. En el verano de 2006 supe con certeza que entre todos los relatos que había ido escribiendo había un libro oculto. Me pasé otros cinco meses seleccionando, puliendo hasta la extenuación, haciendo pruebas de orden. Casi me vuelvo loco, no es broma. Tras terminarlo, hubo otro larguísimo peregrinaje (más de dos años), no demasiado fácil, hasta que ha visto la luz en Tropo. Sobra decir que soy afortunado.
Más AQUÍ.
1. Este es tu primer libro de relatos. Hasta llegar a él has recorrido, imagino, un camino largo. ¿Cómo ha sido esa trayectoria, desde que te pones delante de una hoja en blanco con conciencia de que quieres escribir un relato hasta que crees tanto en esos relatos que comienzas a moverlos por concursos y editoriales?
Bueno, supongo que mi camino ha sido como el de cualquier otro. Tópico es decir que los comienzos son difíciles, pero es una pauta que suele repetirse para quien no goza de más status que el que le proporciona su obra. Yo opino que esto es condición imprescindible para que luego no te acusen de no tener coartada. Tus libros tienen que hablar por ti. Es de Perogrullo, supongo.
En todo este tiempo, para mí únicamente ha cambiado el tipo de zozobra con la que me enfrento a la escritura, mu
y distinta a la que podía sentir en los comienzos. Es más reposada. Puedo pasar largas temporadas sin la necesidad febril de escribir, porque sé que llegará, lo mismo que el final de un texto que tenga entre manos o la publicación del próximo libro. Poco puedo decir de los primeros balbuceos, que se remontan a cuando yo tenía dieciséis años y era un impresentable tímido y simpático, hasta el momento actual, donde he puesto la primera pica en Flandes. Supongo que he educado mi mirada y mi exigencia frente al trabajo. Creo que hay un momento en la vida del que escribe en que mira su material y sabe, íntimamente, que podría pasar la frontera que hay entre la afición y elevar un discurso y una posición como creador. En el verano de 2006 supe con certeza que entre todos los relatos que había ido escribiendo había un libro oculto. Me pasé otros cinco meses seleccionando, puliendo hasta la extenuación, haciendo pruebas de orden. Casi me vuelvo loco, no es broma. Tras terminarlo, hubo otro larguísimo peregrinaje (más de dos años), no demasiado fácil, hasta que ha visto la luz en Tropo. Sobra decir que soy afortunado.Más AQUÍ.
Etiquetas: La soledad de los ventrílocuos, Matías Candeira, relatos









